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22 December 2010 @ 02:24 pm
10069 con un invitado muy especial  
-w- me costó la vida escribirlo. Pero, finalmente, aquí está.

Título: Flowers
Autor: moi
Pairing: 10069 y alguien más (secreto~)
Rating: R-18, muy R-18.

Advertencia: es EXTREMADAMENTE largo -w- 9 páginas de Word, ni más ni menos.



Nunca, en toda su vida, alguien había conseguido aplastarle de manera tan humillante. Menos él. Nunca nadie había conseguido reducir su ego a un montón de cenizas —por mucho que este volviera a salir a la luz más tarde—. Menos él. Nadie había conseguido dominarle. Menos él. Nadie había conseguido hacer que mordiera el polvo y terminara besándole los zapatos, literalmente. Menos él. Y esa sonrisa divertida mientras le marcaba de moratones a patadas, teniéndolo indefenso e inmóvil en el suelo, y luego volvía a colgarlo de esos grilletes en la pared. Mukuro se sentía como un trofeo, incluso le extrañaba que no lo hubiera matado ya para exponer su cadáver en una vitrina. Ah, cierto, Byakuran había mencionado alguna vez que no le gustaba la necrofilia.

Era odioso, no sentirse, sino saberse la perra de ese desgraciado. Pero no le importaba. El único motivo de serlo era porque él lo quería. Aquello no era más que un juego que podía mantenerle entretenido durante mucho tiempo, y él un masoquista de cuidado – y demasiado optimista, o egocéntrico, o loco; había que serlo para pensar que el hombre que había sometido bajo su poder a la mafia y que planeaba dominar el mundo, en cualquier momento podría morir en sus manos.

A veces, no obstante, el juego escapaba a su control y se veía implicado en las situaciones más humillantes y denigrantes para su persona. Byakuran había encontrado en él el juguetito que buscaba para cumplir las más sucias fantasías que pasaran por su albina cabeza. Y lo hacía. Vaya si lo hacía. Últimamente había encontrado un juego nuevo. Como de costumbre, empezaba dándole una soberana paliza a su prisionero, que aún no se había recuperado del día anterior, con el añadido de ver cómo, aun después de encontrarse yaciendo en un charco de su propia sangre, el ilusionista seguía terriblemente excitado por el afrodisiaco previamente inyectado y prácticamente suplicaba —Byakuran era un bestia, y a menudo se le “iba la mano” con las dosis— porque lo violara de la forma más dura. Y ese era el momento perfecto para que Mukuro demostrara lo que con tan preciosa boquita era capaz de hacer si se le motivaba correctamente. Tras eso, ya cumplía su petición. Costaba creer que de verdad fuera no se escucharan los gemidos que desgarraban la garganta del peliazul.

Ese día, como cualquier otro, Byakuran llegó a media mañana a su despacho. Ese tipo no se esforzaba apenas en mantener la tapadera de ser solo el jefe de una mafia, continuamente descuidaba sus obligaciones y básicamente hacía lo que le daba la realísima gana. Por supuesto, lo primero que hizo al entrar fue dejar la bandeja que llevaba en la mano sobre la mesa y acercarse a su prisionero y ponerse en cuclillas delante de él, sonriendo ampliamente.

— Buenos días, Mukuro-kun.

— ¿Buenos? —contestó este, sonriendo a su vez con un deje de burla—. Acabas de estropearme la mañana.

La mano del albino se colocó bajo la barbilla del ilusionista, otorgándole una suave caricia como si de un gatito se tratase, sin dejar de sonreír.

— Eso es muy desconsiderado por tu parte… ¿es que acaso no te estoy tratando bien? No deberías quejarte, teniendo en cuenta que te doy de comer y de beber, e incluso te dejo descansar por las noches.

— Si tratas así a todos tus invitados, puedo explicarme por qué nunca tienes visita.

Ahí estaba de nuevo, ese orgullo inquebrantable que no le permitía doblegarse ante nadie, incluso aunque eso fuera lo más sensato, como en aquella situación en concreto. Sería un mártir, si hacía falta, pero antes eso que dejarse intimidar por el capo Millefiore. Byakuran rió, pero no añadió nada más, simplemente se levantó para ir a por el desayuno del ilusionista; no era gran cosa, pero servía para llenar el estómago. Le dejó el desayuno delante y le soltó una mano para que pudiera comer.

— Ah, y una cosa más, Mukuro-kun —dijo tras haberse puesto en pie—. Como se te ocurra volver a tirarme el vaso, para empezar te quedarás sin comer. Y, después… no quieres que pase lo de la última vez, ¿verdad?

— Aún tengo la esperanza de que te dé y te mate.

Con una radiante sonrisa, fue a sentarse en el sofá y encendió su ordenador, por supuesto no para trabajar, sino para ponerse a ver videos de gatos en Youtube, de vez en cuando soltaba una risita alegre. Aproximadamente media hora después giró de nuevo la cabeza y vio a su prisionero echándose una siestecita. Frente a él estaba la bandeja llena, excepto por el vaso de agua, que se lo había bebido entero.

— Vaya… sí que actúa rápido la cosa esta.

Mukuro ni siquiera se dio cuenta de que era cargado por Byakuran y sacado del edificio, completamente dormido por el efecto de la droga disuelta en el vaso.



Despertó escuchando una voz, aunque no podía entender muy bien qué era lo que decía, estaba medio adormilado todavía y además esa persona hablaba en voz muy baja. Tardó unos momentos en ser consciente de su situación. Para empezar, no podía abrir los ojos. Una tela los cubría. Luego, sus manos estaban atadas tras su espalda, y estaba tirado en el suelo. Por último, no era capaz de cerrar su boca. Le tardó un poco más de tiempo llegar a la conclusión de que llevaba puesta una mordaza. Se retorció y, cabeza abajo, tosió, pudiendo sentir cómo la saliva acumulada en su boca caía por su barbilla. Ese maldito anillo colocado por detrás de sus dientes, y fijado con una correa atada tras su cabeza, no le permitía tragar y era bastante… incómodo. Por si fuera poco, otra sensación que conocía de sobras, y el leve dolor de una aguja que debía haber perforado su piel mientras dormía se lo confirmaba, otra vez esa maldita inyección que tanto le había gustado a Byakuran. Juntó las piernas cuanto fue capaz, tratando de frotarse con sus propias piernas, en vano. Era inútil, y lo sabía, pero en la práctica no era capaz de pensar con claridad, estaba realmente caliente, demasiado.

Antes de poder decir algo, si bien tampoco se le hubiera entendido demasiado bien, escuchó pasos yendo en dirección a él, y esperó. Era, como había esperado, la voz del capo Millefiore la que habló.

— Vaya, ya se ha despertado —risa—. ¿Qué ocurre, Mukuro-kun? ¿Has tenido un sueño húmedo?

Notó un fuerte tirón en el pelo y cómo le jalaban hacia arriba.

— Hm… sí, tenías razón, es adorable, me gusta. Bueno, lo de la mordaza fue idea tuya. Aún no me creo que no se te haya ocurrido antes, Byakuran-chan, le sienta verdaderamente bien. Lo tendré en cuenta a partir de ahora, sí.

¿Estaba hablando solo? Ya sabía que estaba mal de la cabeza, pero aquello ya era excesivo. Se quedó un momento pensativo, las dos voces seguían hablando… espera. Dos. Dos voces. Fijándose bien, no era una sola persona la que estaba hablando. La primera en pronunciarse había sonado más cerca, proveniente de quien aún le tenía sujeto del cabello. La segunda le había parecido más lejana, aunque no mucho. Tenía que ser un sueño, al fin y al cabo acababa de despertarse… aunque tampoco recordaba cuándo se había dormido.

— Eh, Ghost-chan, ¿no deberíamos quitarle la venda de los ojos? —esa era la voz más alejada de él.

No entendía nada, y menos todavía entendió cuando escuchó un asentimiento por parte de la otra persona, y notó unas manos deshaciendo el nudo que tenía en la parte posterior de la cabeza. Su cara fue un cuadro cuando vio lo que tenía enfrente. A un lado se encontraba Byakuran, el Byakuran que conocía tan bien por desgracia, sonriéndole. Frente a él, y con el pañuelo que suponía que acababa de quitarle, se encontraba otro hombre, prácticamente idéntico al otro en rasgos y color de los ojos, aunque su expresión era algo más seria, si bien igualmente sonreía, vestía un traje negro y su cabello no era blanco, sino de un tono rubio platino y caía ondulado sobre sus hombros. Por último, la marca que Byakuran llevaba bajo el ojo izquierdo, en el otro hombre se encontraba en el lado contrario.

Aquello era raro, pero… miró a su alrededor, no estaba en el despacho de Byakuran. Eso quería decir que no había barrera alguna que le impidiera volver a su cuerpo. Sonrió, de verdad era idiota. Cerró los ojos, concentrándose, pero frunció el ceño instantes después. Sí, era cierto que no existía que le retuviera… pero tampoco ningún sitio a dónde ir. Por mucho que se esforzó, era incapaz de encontrar su verdadero cuerpo. Intentó buscar a Chrome, pero nada, incluso comunicarse con ella le era imposible, no era capaz de sentirla. Ni a ella ni a… nadie. La confusión se hizo incluso más presente en el rostro del ilusionista.

— ¿Q-que es esto? —ladró, como era capaz por la mordaza que apenas le permitía vocalizar.

Una carcajada en estéreo. Y de pronto, cayó. Sus ojos se abrieron desmesuradamente y el hombre rubio se acercó a él.

— Permíteme enseñarte.

Con una sonrisa, lo agarró de la coleta y sin demasiada preocupación lo llevó hacia el gran ventanal que había enfrente, y tiró de él para mostrarle el exterior.

Un paisaje desierto. Desolación y destrucción como únicos protagonistas. Podrían encontrarse en cualquier lugar del mundo, en cualquier ciudad que en sus días hubiera sido grande y poderosa, pero que había sido reducida a la nada. Restos de lo que parecían altísimos edificios caídos sobre las calles, el asfalto estaba partido, y aun en el horizonte no podía distinguir nada que no fuera de color oscuro, triste, apagado. Muerto. Como si por ahí hubiera pasado el peor de los desastres naturales y a su paso se hubiera llevado cualquier hálito de vida, excepto el rascacielos en el que se encontraban, que se alzaba alto y majestuoso entre la peor de las miserias.

— ¿Lo ves? Esta es mi gran obra. ¿Te gusta, Mukuro-kun? – su voz sonaba igual que la de Byakuran… pero diferente al mismo tiempo, quizás en el tono con el que la utilizaba —. No hace falta que digas nada, tienes razón.

— Este es uno de los mundos paralelos que he destruido. Es el mundo de Ghost-chan —completó la frase el otro hombre, el “verdadero” Byakuran, y su voz tomó un cierto tono divertido con un trasfondo perverso que Mukuro conocía demasiado bien—. Pensé que si yo podía disfrutarte… otros yo también tenían derecho a hacerlo, ¿no crees?

Volvió a sentir cómo era agarrado del cabello y arrastrado hacia atrás, quedando mirando a Ghost, y cómo el dedo de este pasaba por el aro de la mordaza y acariciaba su lengua. El ilusionista seguía salivando sin poder tragar, de manera que por las comisuras de su boca se escapaba un hilillo húmedo.

— Byakuran-chan me ha dicho que eres una perra como ninguna —comentó, con voz suave, casi se pudiera haber dicho que hablaba sin malicia alguna—. ¿Es eso cierto?

— Muérete —balbuceó como fue capaz, a pesar de que su estado no era el mejor para decirlo.

Y su cara la cruzó una bofetada del rubio, que miró al albino.

— Es un maleducado… ¿cómo es que no le has enseñado modales? —volvió a dirigir la vista en dirección a Mukuro, que le miraba con odio y la marca de su palma en la mejilla—. Voy a pasármelo muy bien contigo —comentó en tono bajo, sonriendo, pero no como Byakuran solía, sino palpable maldad. Bajó la mano en dirección a la entrepierna del otro, que inmediatamente se estremeció por completo al notar un suave roce de esta y se encogió levemente soltando un jadeo. Ghost soltó una risita—. Te veo muy necesitado, Mukuro-kun…

Ciertamente se daba un aire a su Byakuran, pero igual era diferente a su manera. Sus toques se le antojaban más rudos, aunque de todas formas aún no le había agredido; su tono era más obsceno al susurrarle al oído cosas que hubiera estado bien sin escuchar; y no se andaba tanto con rodeos como el otro. No sabía realmente si era bueno o malo el poder percibir esos leves matices entre ambos hombres. Malo, más probablemente.

Se maldecía a sí mismo por estar, tal y como el rubio había dicho, tan necesitado. No era la primera vez que experimentaba eso, dejarse completamente maleable con apenas unos roces y perder toda voluntad de oponer resistencia, pero era peor si cabía, pues podía observar por el rabillo del ojo como la situación era toda presenciada por un espectador de radiante sonrisa. Debía de ser curioso ver a lo que vendría a ser tu esclavo sexual siendo violado por el tú de otra dimensión. Lo que sí era seguro es que se lo estaba pasando muy bien con ese espectáculo que le daban.

En poco tiempo desapareció la ropa que cubría su torso, y fue tirada en alguna parte; dónde, no le importaba. Apoyado con la cara contra el cristal, apenas de pie pues era sujetado por la cintura, jadeaba audiblemente —como una sucia y vulgar perra, decía Ghost— moviendo las caderas contra la mano que le tocaba sin pudor. Simplemente lamentable. Estaba borracho por el placer que le daba el rubio, masturbándole ya directamente tras haber abierto su pantalón. Podía sentir la lengua de Ghost dibujando con saliva por todo su cuello, bajando por sus hombros y succionando por el esternón mientras él temblaba, boqueando extasiado. El abrazo se convirtió en su única sujeción cuando notó las piernas fallarle después de haber tenido un placentero orgasmo, y en cuanto el rubio lo soltó, se fue al suelo, donde permaneció durante apenas unos segundos hasta que notó otro tirón en la coleta, parecía que esa manía y gusto por agarrarle del pelo los tenían ambos, aunque había llegado a un punto que casi ni le importaba, de no ser porque siempre que Byakuran hacía eso era para algo desagradable. Y, en efecto, no iba a ser menos en esa ocasión.

Pudo apreciar de cerca el rostro del rubio, ese brillo lujurioso en sus ojos y la sonrisa que, no satisfecha, parecía decir “quiero más”, y añadir “y lo tomaré por la fuerza”. Nada que no pudiera el ilusionista haber imaginado. Sonrió y abrió los labios para hablar.

— Te estás portando muy bien, Mukuro-kun. Tanto que tengo un regalo para ti.

Sin mayor cuidado, lo soltó. Más bien, lo tiró al suelo con fuerza, y, ligeramente tembloroso, no fue difícil que cayera al piso. Frío, estaba frío. Al menos, en comparación con él mismo. Se sentía tan sucio como asqueado. ¿Cómo un ilusionista de su talla podía encontrarse en tan vergonzosa y deshonrosa situación? Byakuran, ese desgraciado. Odiaba a ese hombre con toda su demacrada alma, más allá de su aversión natural por la mafia. Y podía aprender algo de esa experiencia, si es que salía de ahí con algo de dignidad, y es que ese albino era exactamente igual de despreciable estuviera en el mundo que estuviese. Aborrecible. Abominable.

Giró un poco la cabeza y pudo verle. Sonriendo, como siempre. Le hubiera borrado esa sonrisita estúpida de la cara a golpes. No, a golpes no… algo más doloroso se le podía ocurrir. Una muerte lenta y tortuosa. Lo había deseado veces, pero aquella más que nunca.

Y otra vez. Otra vez jalado de su cabello. Otra vez el aliento en su oído. Otra vez el susurro. Otra vez esa voz que destilaba maldad y perversión.

— Aquí lo tienes. Digno de una perra de tu calibre.

Pudo sentir las manos del otro, suaves, pero no por eso agradables, rozar su cuello por debajo de la larga melena —la coleta en que la recogía, por cierto, hacía rato que se había deshecho, y el cabello caía sobre sus hombros, y más allá de estos—y colocarle algo. Y apretarlo. No le hizo falta pensar mucho para averiguar que se trataba de un collar. De perro. Qué… asco. El tintineo de una cadena se hizo oír cuando fue enganchada a la anilla que tenía en la parte posterior, y entonces Ghost se puso en pie, tirando de ella, haciendo que a la fuerza el ilusionista debiera alzar la cabeza y verle. Y, mientras tiraba, su pie se posó sobre la entrepierna del peliazul, haciendo una leve presión, no dolorosa, frotándole lentamente. Sonrió al ver cómo Mukuro entrecerraba los ojos, ruborizado, todavía bastante sensible. Y era una visión realmente tentadora, tan deliciosa.

Pudo escuchar pasos a sus espaldas, eran del albino, ¿de quién más podían ser? Byakuran pensaba que ya era hora de entrar en escena, ya había observado suficiente y ya se había calentado suficiente; demasiado, más bien.

— No es excitante, ¿Mukuro-kun? —comentó con tono de sorna—. Nos tienes a los dos para ti solito. Me gustas mucho más con el pelo suelto, por cierto.

Su voz era suave, alegre y cantarina; acariciaba sus sedosos cabellos, enredándolos entre los dedos, y como respuesta obtuvo un balbuceo inentendible que pareció causarle mucha gracia. Se burló.

— Habla más claro, Mukuro-kun.

Como invitándole a ello, abrió el cierre de la mordaza que llevaba y se la sacó. El ilusionista sintió un alivio indescriptible de poder tragar nuevamente. Dentro de lo humillante, la situación lo era algo menos siendo capaz de no salivar descontroladamente, notaba su barbilla húmeda y se daba asco solo de pensar en esa imagen tan lamentable de sí mismo. Permaneció con la cabeza agachada, tratando de relajar su mandíbula, dolorida de haberle tenido tanto tiempo incapaz de cerrar la boca. Se quejó al notar la mano de Byakuran manosearle y amenazar con meterse bajo el borde del pantalón.

— No me toques… —masculló, revolviéndose, en un acto de rebeldía, a pesar de la cadena que pendía de su cuello y a la vez era sujetada por la mano de Ghost, y las esposas que impedían sus manos.

— O si no, ¿qué? —una risa acompañó sus palabras.

Qué. Esa era una buena pregunta. ¿Qué iba a hacer? ¿Cómo? ¿Y después… qué? Era un momento en el que no podía analizar fríamente la situación, pero haría un esfuerzo. Tal había sido la impresión de comprobar que, efectivamente, se encontraba en un mundo diferente del que él provenía, que solamente se había dejado manosear sin oponer resistencia. Pero después de pensarlo, la escena no era mucho más esperanzadora. Él había llegado allí con Byakuran, mientras permanecía sedado. La pregunta era que cómo podría salir. En el remoto caso de que consiguiera matar o simplemente librarse de esos degenerados —cosa que, por lo menos en la mente del ilusionista, no era tan remota—, se veía en ese pequeño y casi sin importancia problema. Pero, ¿qué demonios? Daba igual lo que fuera a hacer después, pensaría algo, lo que fuera, pero no pensaba permanecer un segundo más siendo un juguetito. Lo decidió cuando las manos de Byakuran ya habían bajado sus pantalones.

En su ojo derecho apareció el kanji del número cuatro. El camino de los demonios. La llama de última voluntad de la niebla sería suficiente hasta que se librara de las esposas y pudiera entonces activar el quinto de los caminos. O eso pensaba. Porque con lo que no contaba, y que le sorprendió sobremanera, hasta el punto de no creérselo en un primer momento, era con cómo las flamas índigo… desaparecían. Se iban. Eran arrastradas por una fuerza superior y para su asombro y más que eso, eran… absorbidas por el hombre que tenía delante. Ghost. No obstante, no se desanimó, de hecho la rabia y el orgullo le impedían desistir y daba igual por qué motivo ocurriera aquello, no lo haría abandonar.

Pero, cuanto más tiempo permanecía tratando de avivar esa llama sobre su ojo, más débil comenzaba a sentirse, y más acentuada era la sonrisa en el rostro del rubio, que parecía complacido con sus vanos intentos de resistencia, y seguía sosteniendo la cadena en su mano. Cadena que fue la que sujetó al ilusionista cuando este terminó por prácticamente desplomarse, agotado, entre la consciencia y la inconsciencia. No podía… entenderlo. No sabía qué había pasado. No podía pensar en nada, realmente.

Notó como era arrastrado por el suelo como un peso muerto, hasta el sofá que allí había, y del collar del cuello fue alzado. Aunque apenas podía mantener los ojos abiertos, tenía el ceño fruncido en lo que pretendía ser una vaga expresión de profundo odio.

— ¿Ya te has cansado de pelear, Mukuro-kun? Así mucho mejor —nada más le soltó, de nuevo el ilusionista se fue al suelo, y este recibió como “castigo” un certero golpe de la punta del zapato de Ghost, de un negro tan brillante que el peliazul pudo ver reflejado el reguero de sangre que comenzó a caer desde su nariz y cuyo sabor metálico notó en los labios—. Ponte de rodillas, zorra —y se le notaba en el tono cómo disfrutaba llamarlo así.

Aunque hubiese querido, que no era el caso, no tenía fuerza suficiente como para hacerlo. Había gastado una cantidad considerable de energía, y Ghost la había absorbido toda ella, sin saber todavía ni siquiera el ilusionista cómo había ocurrido.

Notó cómo era agarrado, para variar, no del cabello sino del collar que llevaba al cuello, y levantado, de manera que aun sin fuerza en ellas quedó finalmente de rodillas, y su rostro fue restregado por la entrepierna del rubio, escuchándose un gruñido de disgusto por ello, pero una risa lo eclipsó. Era la de la persona que tenía detrás, quien de un tirón bajó su ropa y sin pudor alguno comenzaba a manosear su trasero.

— No me toques… — volvió a advertir, ya por segunda vez, tratando en vano de girar la cabeza, pues el asco que le daba aumentaba a medida que sentía endurecerse bajó su cara el miembro del rubio.

Esta vez no recibió respuesta alguna, no era necesario, eso saltaba a la vista. Sus posibilidades de escapar a lo que le esperaba eran nulas. Las risas de ambos hombres se lo recordarían si se olvidaba de ese detalle. Jadeó, al notar una palmada de Byakuran en su nalga, burlándose abiertamente de él, un equivalente al “o si no, ¿qué?” anterior. Un sonido, una cremallera abriéndose era, y no tuvo que abrir los ojos, cerrados por no querer mirar, para saber lo que esperaban ambos que él, sumiso y obediente, hiciera. Maldijo mentalmente por ello, y lo siguiente contra lo que fue su rostro frotado fue el falo erecto del rubio. Gruñó, una vez más.

— No seas tímido, Mukuro-kun, hay confianza, ¿o no? —la voz de Byakuran.

No supo de quién fue la mano que le abrió la boca hundiendo firmemente los dedos en su rostro, tampoco le importaba; es más, prefería incluso no saberlo. Escuchó una advertencia, que no mordiera, decía, y antes de poder reaccionar su boca ya había sido profanada, demasiado, y sintió arcadas, sin poder recuperarse todavía de la incómoda y asquerosa sensación su cabeza fue firmemente agarrada y comenzó un rápido vaivén involuntario, rozando con sus labios y lengua el miembro y como respuesta que prefería no escuchar obtenía jadeos. Los dedos enredados en su cabello le daban suaves caricias, como felicitándole por el trabajo, y en cierto modo se sentía mejor eso que no estar siendo golpeado o humillado más abiertamente. Hasta que ahogó un grito que por poco no lo hace ahogarse a él mismo al abrir desmesuradamente la boca y tragar profundo.

Tras él, y mientras Ghost manejaba a su antojo al ilusionista, Byakuran había seguido haciendo de las suyas. Lo que había hecho gemir a Mukuro, más concretamente, habían sido los dos dedos que de pronto habían penetrado en su interior sin lubricación alguna. Por muy acostumbrado que estuviera a ese trato hostil, era doloroso como siempre.

— Pobre chico piña… ¿te duele?

Agarró de la cadena y tiró de él con fuerza, alzándole, y le robó un beso. Agresivo, prácticamente salvaje… un beso muy distinto a los que Byakuran daba, algo más suaves con una especie de intento bastante pobre de ser cariñosos, eran hipócritas y falsos. Ghost dejaba claro lo que quería y prefería no andarse con tantas florituras innecesarias, tenía su ego, pero lo demostraba de manera diferente. Mukuro, ni falta hace decir, que no correspondía al beso, estaba demasiado ocupado tratando de no pensar en los dedos que violaban su entrada y la forzaban de manera lacerante e insufrible.

— Eh, Ghost-chan, ¿quieres hacer tú los honores? —preguntó desde atrás el albino.

— Vaya, qué amable por tu parte… será un placer.

Sin más dilación, agarró al peliazul y lo arrojó sobre el sofá como si de un saco de patatas se tratase. No tuvo que deshacerse de ropa alguna, así que fue rápido. Lo sujetó firmemente con una mano para hundirle bien la cara en el reposabrazos, y con la otra alzó sus caderas buscando una posición que le fuera cómoda. Apoyó una rodilla, y la otra pierna, por lo estrecho del sitio, tocaba el suelo con el pie. Se agachó un momento, juntando el pecho con la espalda desnuda del ilusionista y susurró algo a su oído con perversa voz. Que gritase, dijo, que se desgarrase la garganta gritando lo mucho que le dolía, y fue de hecho al momento de penetrarle que a la fuerza alzó su rostro para poder, efectivamente, escuchar el alarido que vanamente había intentado ahogar apretando fuertemente la mandíbula. Sus manos esposadas tras la espalda se retorcían, queriendo agarrarse una a la otra para descargar de alguna manera aquel dolor que lo invadía, estaba mordiendo como era capaz la tela del sofá para impedirse gritar y satisfacer a esos desgraciados. La cadena que llevaba al cuello emitía un leve tintineo en cada una de las embestidas que hacían al ilusionista agitarse bruscamente. Con los ojos fuertemente cerrados y quejándose de manera algo más controlada si bien igualmente humillante, su reacción fue lenta y no pudo prever que Byakuran le alzaría la cabeza y nuevamente se encontraría la misma escena que anteriormente. Qué…. asco.

Nuevamente se vio obligado a realizar una felación forzosa, esta vez al de pelo blanco, mientras los vaivenes de Ghost le hacían estremecerse, ahora de placer, una vez acostumbrado a ese dolor, aunque no se había desvanecido. Y eso era más deprimente si cabía, cómo después de tanta resistencia emitía gemidos ahogados de placer cada vez que en cada acometida profunda el órgano llegaba a tocar la próstata. Cerraba los ojos y en sus oídos resonaban los jadeos que emitían el rubio y el albino, con voces tan similares, casi iguales, que parecían hacerse eco mutuamente. Su cabeza era firmemente sujetada por Byakuran para asegurarse el ritmo que deseaba, viendo el delicioso semblante que el ilusionista lucía con los ojos entrecerrados, cerrando cara vez más los dedos en torno a su cabellera conforme el placer lo embriagaba.

— ¿Eh, Mukuro-kun? ¿Lo estás disfrutando? —Ghost habló con tono trémulo, cogiendo aire pesadamente por el esfuerzo.

Solamente obtuvo de nueva cuenta un quedo jadeo por contestación, no podía verlo desde su posición, pero la expresión del peliazul era de absoluto deleite. Movía las caderas al ritmo que el rubio le marcaba con sus embestidas, procurando hacerlas más profundas, se encontraba por completo embebido en aquella sensación, al punto de que ya no le importaba responder, aunque fuera mínimamente, a lo que el albino esperaba de él, cerrando algo más la boca para aumentar la fricción con sus labios y lengua, incluso hasta ayudando a aquel movimiento involuntario, obligado, acompasado con el ritmo del rubio para que así el ilusionista pudiera atender a ambos.

Fue el mismo Mukuro quien en primer lugar se vino, poco después de que Ghost guiara una mano en dirección a su entrepierna, comenzando a estimularle, para luego verse esta manchada por segunda vez de aquel líquido blanquecino. Soltó un largo gemido, o eso habría sido si Byakuran, con toda la mala intención, no hubiera empujado con más fuerza su cabeza aprovechando que había abierto más la boca, haciendo así que lo siguiente que saliera de su garganta fuera un quejido por ello. No le dio tregua después de eso; tampoco Ghost, que sujetaba con más fuerza sus caderas con ambas manos, hundiendo los dedos en ellas con fuerza, equiparable a la que ponía en cada una de las arremetidas, el cabello se le pegaba a la frente perlada de sudor y sus labios entreabiertos eran entrada de grandes bocanadas de aire, y salida brusca del mismo cuando terminó por correrse en el interior del peliazul, encorvándose y cerrando momentáneamente los ojos, moviéndose lentamente dentro de él hasta satisfacerse por completo, saliendo finalmente de él, y comenzó a colocarse la ropa y recuperar el aliento, tomando asiento en el mismo sofá para observar el resto de la escena desde un punto de vista privilegiado, cómo Mukuro continuaba siendo forzado por su yo de otra dimensión mientras este contemplaba complacido, jadeando con fuerza cada vez que su hombría se veía desaparecer en el interior de la boca de ese ilusionista que en vano había tratado anteriormente de desafiarles. Tan ingenuo…

Nada más fue soltado del cabello, se hizo a un lado, tosiendo, por las comisuras de sus labios escurría el semen del peliblanco. Le había tomado por sorpresa la eyaculación del otro y de poco no se había ahogado. Aunque no estaba mirando, sí que pudo escuchar el sonido de la cremallera subiéndose. Una vez acabado aquello… se daba asco. ¿Cuántas veces lo habría pensado ya? Había perdido la cuenta de ello. Se quedó ahí, arrodillado de espaldas al sofá, jadeando, de cansancio y rabia, de impotencia.
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ratachicleratachicle on December 24th, 2010 08:24 am (UTC)
Para ser un fic largo no tarde ni 20 minutos en terminarlo XD

Ok, como yaoi sabes que tendras asegurada mis babas y hemorragia nasal XD

Pero ya hablando seriamente como escrito; te quedo bien, la redaccion esta muy bien hecha, solo hay pocas palabras que suenan raro (como costal de papas, creo que estuvo un poco fuera del tema XD).

En cuanto historia, interesante y triste, me gusto mucho, apesar de que yo a Byauran y Mukuro me gusta verlos felices juntos n.n

Bueno bye y a ver cuando escribes otro!
Draconiforsdraconiforsx on December 30th, 2010 08:04 pm (UTC)
Lo tomaré en cuenta n_n.

Yo, no sé, no les veo juntos estilo de pareja. Creo que Byakuran es un megalómano que cree al resto del mundo inferiores y solo tiene en la cabeza sus... delirios de dominación mundial, y Mukuro es demasiado orgulloso como para querer a alguien, y menos a un mafioso que además no lo considera a su altura.

Me alegro que te gustase, de todas formas, saludos!
ratachicleratachicle on January 2nd, 2011 11:20 pm (UTC)
Bueno no niego que esos dos medio matandose (mas bien Byakuran a Mukuro) es de lo más *¬* delicioso que uno pueda imaginarse.

Pero mi creer que Byakuran no es tan malo en el fondo y que Mukuro tene su lado debil XD pero ya vez, una que deliria al ver el anime.

Sayo! espero otro fic asi de hemorragia ....
pilikita: pic#103952313pilikita on December 25th, 2010 06:01 am (UTC)
Terminó!!! yo quería seguir leyendo más!! ;A;

Me encantó TODO *Q* no podría decirte cuál fue mi parte favorita, es que adoro el BDSM y el raping con locura, me llenan de morbosa felicidad (?) <3

Es el primer fic que leo con Ghost, yay :D

Y el cabello suelto de Mukuro fue un hermoso detalle *muere*

Yo creo que no podría escribir tanto, moriría en el intento ._. eres genial (=^ー^)ノ彡☆゜・。・゜★
Draconiforsdraconiforsx on December 30th, 2010 07:58 pm (UTC)
>_< Me alegro que te gustase, tardé una vida en escribirlo, ciertamente xDD.

BDSM rulez -w-, para mí es algo que va de la mano con el 10069 xD

Saludos~